Casi todos los agentes quimioterapéuticos provocan una reducción de la cantidad de células sanguíneas. Esto sucede porque la quimioterapia dificulta la producción normal de células sanguíneas por parte de la médula ósea. Esto se denomina depresión de la médula ósea. La disminución de las células sanguíneas varía según el medicamento que se use para el tratamiento de su hijo. Los glóbulos rojos, que transportan oxígeno, los glóbulos blancos, que luchan contra las infecciones, y las plaquetas, que contribuyen a la coagulación de la sangre, normalmente disminuyen a causa de la quimioterapia. La depresión de la médula ósea aumenta el riesgo de anemia, fatiga, infección y hemorragia. A continuación se enumeran los términos comunes que hacen referencia a la disminución de células sanguíneas:
Anemia. Disminución de los glóbulos rojos.
Neutropenia. Disminución de los neutrófilos (tipo específico de glóbulo blanco que es esencial en la defensa contra bacterias).
Trombocitopenia. Disminución de la cantidad de plaquetas.
Pancitopenia. Disminución de los glóbulos rojos, los glóbulos blancos y las plaquetas.
Estos niveles de células sanguíneas se vigilan a menudo mientras su hijo recibe la quimioterapia. Muchos padres prefieren llevar un registro de los hemogramas de sus hijos para observar su evolución. Pregunte al proveedor de atención médica de su hijo cuáles son los niveles aceptables para el niño.
A continuación se enumeran los síntomas más comunes de la depresión de médula ósea. Sin embargo, cada niño puede experimentarlos de forma diferente. Los síntomas pueden incluir:
Nivel bajo de plaquetas:
Moretones que surgen fácilmente
Sangrado: sangrado de la nariz, la boca o las encías.
Manchas rojas diminutas en la piel (petequias)
Sangre en la orina
Heces oscuras o negras
Nivel bajo de glóbulos blancos:
Fiebre y escalofríos
Sarpullido
Diarrea
Llagas en la boca o dolor de garganta o dolor al tragar
Dolor de garganta
Dolor o ardor cuando pasa la orina
Tos o dificultad para respirar
Signos de infección (en cualquier parte del cuerpo):
Hinchazón
Pus o supuración
Enrojecimiento
Calor al tacto en alguna zona
Nivel bajo de glóbulos rojos:
Fatiga (cansancio extremo que no mejora con el descanso)
Palidez en la piel, los labios y la matriz de las uñas
Aumento de la frecuencia cardíaca
Cansancio inexplicable al realizar esfuerzos físicos
Mareo
Debilidad
Dificultad para respirar
Se pueden tomar diversas medidas para evitar que su hijo presente complicaciones relacionadas con la depresión de la médula ósea. Una de ellas consiste en la administración de medicamentos específicos para estimular la producción de células en la médula ósea. Tenga en cuenta las siguientes pautas hasta que el hemograma de su hijo vuelva a estar dentro del rango que se considera saludable:
Su hijo no debe realizar actividades agotadoras, practicar deportes de contacto, ni levantar objetos pesados.
Evite que su hijo se suene la nariz o tosa con energía.
No incluya verduras crudas ni alimentos con superficies ásperas en la dieta de su hijo.
No permita que su hijo consuma alcohol. Asegúrese de controlar los ingredientes de los medicamentos para la tos o el resfrio para comprobar si contienen alcohol.
Ayude a su hijo a encontrar el equilibrio adecuado entre el descanso y la actividad.
Aliente a su hijo a que ingiera alimentos ricos en proteínas.
Procure que su hijo utilice enjuagues bucales antisépticos sin alcohol.
Haga que su hijo beba abundantes líquidos.
Mantenga cualquier herida limpia y cubierta.
Las mujeres no deben depilarse las piernas o axilas; los varones no deben afeitarse el vello facial.
Asegúrese de que su hijo y cualquiera que tenga contacto directo con él se lave las manos con frecuencia.
Evite las frutas y verduras crudas o que hayan sido cortadas previamente, ya que pueden transmitir bacterias.
Evite el contacto con una persona que padezca una enfermedad contagiosa.
Mantenga a su hijo lejos de las multitudes.
Vigile la temperatura de su hijo y consulte a su proveedor de atención médica qué hacer si sube.
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